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terça-feira, 31 de dezembro de 2013

Um jesuíta corrige outro que é Papa: Islam y cristianismo. Donde trastabilla el diálogo- por Sandro Magister

In Chiesaespresso 

En la "Evangelii gaudium" el papa Francisco dicta las reglas de la relación con los musulmanes. El jesuita islamólogo Samir Khalil Samir las examina exhaustivamente una por una, y denuncia los límites

ROMA, 30 de diciembre de 2013 – En el mensaje "urbi et orbi" de Navidad el papa Francisco elevó esta oración:

"Tú, Señor de la vida, protege a cuantos sufren persecución a causa de tu nombre".

Y en el Angelus de la fiesta de san Esteban, el primero de los mártires, rezó de nuevo "por los cristianos que sufren discriminaciones a causa del testimonio brindado por Cristo y por el Evangelio".

Muchas veces el papa Jorge Mario Bergoglio manifestó su dolor por la suerte de los cristianos en Siria, en Medio Oriente, en África y en otros lugares del mundo, en todas partes que son perseguidos y asesinados, no pocas veces “en odio a la fe” y por obra de los musulmanes.

A todo esto el Papa responde invocando incesantemente "el diálogo como contribución para la paz".

En la exhortación apostólica "Evangelii gaudium" del 24 de setiembre, el más importante de los documentos publicados hasta ahora por él, Francisco ha dedicado al diálogo con los musulmanes los dos siguientes parágrafos:

252. En esta época adquiere gran importancia la relación con los creyentes del Islam, hoy particularmente presentes en muchos países de tradición cristiana donde pueden celebrar libremente su culto y vivir integrados en la sociedad. Nunca hay que olvidar que ellos, «confesando adherirse a la fe de Abraham, adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso, que juzgará a los hombres en el día final». Los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas; Jesucristo y María son objeto de profunda veneración, y es admirable ver cómo jóvenes y ancianos, mujeres y varones del Islam son capaces de dedicar tiempo diariamente a la oración y de participar fielmente de sus ritos religiosos. Al mismo tiempo, muchos de ellos tienen una profunda convicción de que la propia vida, en su totalidad, es de Dios y para Él. También reconocen la necesidad de responderle con un compromiso ético y con la misericordia hacia los más pobres.

253. Para sostener el diálogo con el Islam es indispensable la adecuada formación de los interlocutores, no sólo para que estén sólida y gozosamente radicados en su propia identidad, sino para que sean capaces de reconocer los valores de los demás, de comprender las inquietudes que subyacen a sus reclamos y de sacar a luz las convicciones comunes. Los cristianos deberíamos acoger con afecto y respeto a los inmigrantes del Islam que llegan a nuestros países, del mismo modo que esperamos y rogamos ser acogidos y respetados en los países de tradición islámica. ¡Ruego, imploro humildemente a esos países que den libertad a los cristianos para poder celebrar su culto y vivir su fe, teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales! Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia.

Los comentarios a la "Evangelii gaudium" han prestado escasa atención a estos dos parágrafos.

Pocos, por ejemplo, han advertido el insólito vigor con el que el Papa Francisco reclama también en los países musulmanes esa libertad de culto de la que gozan los creyentes del Islam en los países occidentales.

Pero quien ha puesto en evidencia este "coraje" del Papa – tal es el caso del jesuita e islamólogo egipcio Samir Khalil Samir – también ha avisado que él se ha limitado a pedir la sola libertad de culto, silenciando la privación de la libertad que obliga a convertirse de una religión a otra y que es el verdadero punto doloroso del mundo musulmán.

El padre Samir enseña en Beirut, Roma y París. Es autor de libros y de ensayos sobre el Islam y sobre su relación con el cristianismo y con Occidente, el último de los cuales fue publicado este año por EMI con el título: "Quelle tenaci primavere arabe" [Esas tenaces primaveras árabes]. Durante el pontificado de Benedicto XVI fue uno de los expertos más escuchados por las autoridades vaticanas y por el mismo Papa.

El pasado 19 de diciembre publicó en la importante agencia "Asia News" del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras una amplia nota de comentario a los pasajes de la "Evangelii gaudium" dedicados al Islam.

Un comentario a dos caras. En la primera parte de la nota el padre Samir saca a la luz "las numerosas cosas positivas" dichas por el papa Francisco sobre el tema.

Pero en la segunda parte revisa los límites, con rara franqueza.

A continuación presentamos esta segunda parte de su comentario.

__________



PUNTOS DE LA "EVANGELII GAUDIUM" QUE REQUIEREN ACLARACIÓN

por Samir Khalil Samir



1. Los musulmanes "adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso" (n. 252)

Tomaré con cautela esta frase. Es verdad que los musulmanes adoran un Dios único y misericordioso. Pero esta frase sugiere que las dos concepciones de Dios son iguales. Por el contrario, en el cristianismo Dios es Trinidad en su esencia, pluralidad unida en el amor. Es un poco más que la sola clemencia y misericordia. Tenemos dos concepciones bastante diferentes de la unicidad divina. La musulmana caracteriza a Dios como inaccesible. La visión cristiana de la unicidad trinitaria subraya que Dios es Amor que se comunica: Padre-Hijo-Espíritu Santo, o bien Amante-Amado-Amor, como sugería san Agustín.

Además, ¿qué significa también la misericordia del Dios islámico? Que Él practica misericordia con quien quiere y no la practica con los que no quiere. "Dios hace entrar en Su misericordia a quien Él quiere" (Corán 48:25). Estas expresiones se encuentran en forma casi literal en el Antiguo Testamento (Ex 33, 19). Pero no se llega jamás a decir que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 16), tal como se expresa san Juan.

En el caso del Islam, la misericordia es la del rico que se inclina hacia el pobre y le concede algo. Pero el Dios cristiano es Aquél que desciende hacia el pobre para elevarlo a su nivel; no muestra su riqueza para ser respetado (o temido) por el pobre: se dona a sí mismo para hacer vivir al pobre.


2. "Los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas" (n. 252)

Es verdad en un cierto sentido, pero puede ser también ambiguo. Es verdad que los musulmanes retoman palabras o hechos de los evangelios canónicos, por ejemplo, el relato de la Anunciación se encuentra casi literalmente en los capítulos 3 (la familia de 'Imr?n) y 19 (Mariam).

Pero más frecuentemente el Corán se inspira en los relatos píos de los evangelios apócrifos, y no extraen el sentido teológico que se encuentra en ellos y no dan a estos hechos o palabras el sentido que tienen en realidad, no por malicia, sino porque no tienen la visión global del mensaje cristiano.


3. La figura de Cristo en el Corán y en el Evangelio (n. 252)

El Corán se refiere a "Jesús y María [que] son objeto de profunda veneración". A decir verdad, Jesús no es objeto de veneración en la tradición musulmana. Por el contrario, en el caso de María se puede hablar de una veneración, en particular por parte de las mujeres musulmanas, que van voluntariamente a los lugares de peregrinación mariana.

La ausencia de veneración para Jesucristo se explica probablemente por el hecho que, en el Corán, Jesús es un gran profeta, famoso por sus milagros a favor de la humanidad pobre y enferma, pero no es igual a Mahoma. Sólo por parte de los místicos se puede notar una cierta devoción, ellos lo llaman también "Espíritu de Dios".

En realidad, todo lo que se dice de Jesús en el Corán es lo opuesto de las enseñanzas cristianas. Él no es Hijo de Dios: es un profeta y basta. No es ni siquiera el último de los profetas, porque por el contrario el "sello de los profetas" es Mahoma (Corán 33:40). La revelación cristiana es vista sólo como una etapa hacia la revelación última, traída por Mahoma, es decir, el Islam.


4. El Corán se opone a todos los dogmas cristianos fundamentales

La figura de Cristo como segunda persona de la Trinidad es condenada. En el Corán se dice en forma explícita a los cristianos: "Oh, gente de la Escritura, no se excedan en su religión y digan de Dios nada más que la verdad. El Mesías Jesús, hijo de María, no es más que un mensajero de Dios, una de sus palabras que Él pone en María, un Espíritu [que proviene] de Él. Crean entonces en Dios y en sus mensajeros. No digan ‘Tres’, ¡deténganse! Será mejor para ustedes. En verdad Dios es un dios único. ¿Tendría un hijo? Gloria a Él (Corán 4:171). Los versículos contra la Trinidad son muy claros y no tienen necesidad de tantas interpretaciones.

El Corán niega la divinidad de Cristo: "Oh, hijo de María, ¿eres tú quien dijo a la gente: 'tomadme a mí y a mi madre como dos divinidades además de Dios'?" (Corán 5:116). ¡Jesús lo niega!

Por último, en el Corán se niega la redención. Directamente se afirma que Jesucristo no murió en la cruz, sino que fue crucificado un doble: "No lo han matado, no lo han crucificado, sino que les pareció" (Corán 4:157). De este modo Dios salvó a Jesús de la malicia de los judíos. ¡Pero entonces Cristo no ha salvado al mundo!

En síntesis, el Corán y los musulmanes niegan los dogmas esenciales del cristianismo; la Trinidad, la Encarnación y la Redención. ¡Se debe agregar que éste es su derecho más absoluto! Pero entonces no se puede decir que "los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas". Se debe hablar simplemente del “Jesús coránico” que no tiene nada que ver con el Jesús de los Evangelios.

El Corán cita a Jesús porque pretende completar la revelación de Cristo para exaltar a Mahoma. En el resto, viendo cuánto Jesús y María hacen en el Corán, nos damos cuenta que ellos no hacen más que aplicar las oraciones y el ayuno según el Corán. María es ciertamente la figura más bella entre todas las presentadas en el Corán: es la Madre Virgen, que ningún hombre jamás ha tocado. Pero no puede ser la Theotokos; más bien es una buena musulmana.


LOS PUNTOS MÁS DELICADOS


1. Ética en el Islam y en el cristianismo (252)

La última frase de este parágrafo de la "Evangelii gaudium" dice, al hablar de los musulmanes: "También reconocen la necesidad de responderle [a Dios] con un compromiso ético y con la misericordia hacia los más pobres". Esto es verdad y la piedad hacia los pobres es una exigencia del Islam.

Pero me parece que hay una doble diferencia entre la ética cristiana y la musulmana.

La primera es que la ética musulmana no es siempre universal. Se trata a menudo de ayuda dentro de la comunidad islámica, mientras que la obligación de ayuda, en la tradición cristiana, es de por sí universal. Se nota, por ejemplo, cuando hay una catástrofe natural en alguna región del mundo, que los países de tradición cristiana ayudan sin considerar la religión de quien es ayudado, mientras que los riquísimos países musulmanes (los de la Península Arábiga, por ejemplo) no lo hacen en este caso.

La segunda es que el Islam liga ética y legalidad. El que no ayuna durante el mes de Ramadán comete un delito y va a la cárcel (en muchos países). Si cumple el ayuno previsto, desde el alba hasta la puesta del sol, es perfecto, aunque luego de la puesta del sol come hasta el alba del día siguiente, más y mejor que lo que come habitualmente: "se comen las cosas mejores y en abundancia", como me decían algunos amigos egipcios musulmanes. Parece que no hay otro significado en el ayuno si no es el de obedecer a la ley mismo del ayuno. El Ramadán se convierte en el período en el que los musulmanes comen más, y comen las cosas más deliciosas. Al día siguiente nadie trabaja, dado que por comer nadie ha dormido. Pero desde el punto de vista formal todos han ayunado durante algunas horas. Es una ética legalista: si usted hace esto, usted está en lo justo. Es una ética superficial.

Por el contrario, el ayuno cristiano es algo que tiene como fin aproximarse íntimamente al sacrificio de Jesús, a la solidaridad con los pobres y no es el momento en el que se recupera cuanto uno no ha comido.

Si alguno aplica la ley islámica, todo está en orden. El fiel no pretende ir más allá de la ley. La justicia es requerida por la ley, pero no es superada. Por eso, no está en el Corán la obligación del perdón. Por el contrario, en el Evangelio Jesús pide perdonar de modo infinito (setenta veces siete, cf. Mt 18, 21-22). En el Corán la misericordia no llega jamás al amor.

Lo mismo vale para la poligamia: se puede tener hasta cuatro esposas. Si quiero tener una quinta, basta repudiar a una de las que ya tengo, quizás la más vieja, y tomar una esposa más joven. Al tener siempre sólo cuatro esposas estoy en la legalidad perfecta.

Está también el efecto contrario, por ejemplo, para la homosexualidad. En todas las religiones es un pecado. Pero para los musulmanes, es también un delito que debería ser castigado con la muerte. En el cristianismo es un pecado, pero no un crimen. El motivo es obvio: el Islam es religión, cultura, sistema social y político; es una realidad integral. Es claramente así en el Corán. Por el contrario, el Evangelio distingue claramente la dimensión espiritual y ética de la dimensión socio-cultural y política.

Lo mismo vale para la pureza, como lo explica en forma clara Cristo a los fariseos: "No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino que es lo que sale de su boca lo que contamina al hombre" (Mt 15, 11).


2. "Los fundamentalismos de ambas partes" (n. 250 y 253)

Por último, hay dos aspectos que querría criticar. El primero es aquél en el que el Papa pone juntos a todos los fundamentalismos. En el n. 250 se dice: “Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo con los creyentes de las religiones no cristianas, a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes”.

El otro es la conclusión de la sección sobre la relación con el Islam que termina con esta frase: "Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia" (n. 253).

Personalmente, yo no pondría los dos fundamentalismos en el mismo plano: los fundamentalistas cristianos no llevan armas; el fundamentalismo islámico es criticado ante todo y precisamente por los propios musulmanes, porque este fundamentalismo armado busca reproducir el modelo mahometano. En su vida, Mahoma libró más de 60 guerras; ahora bien, si Mahoma es el modelo excelente (como dice el Corán en 33:21), no sorprende que algunos musulmanes usen su violencia a imitación del fundador del Islam.


3. La violencia en el Corán y en la vida de Mahoma (n. 253)

Por último, el Papa menciona la violencia en el Islam. En el parágrafo 253 se lee: "el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia".

Esta frase es bellísima, y expresa una actitud muy benévola del Papa hacia el Islam. Pero me parece que ella expresa más un deseo que una realidad. Que la mayoría de los musulmanes puede ser contraria a la violencia también puede darse. Pero decir que "el verdadero Islam es contrario a toda violencia" no me parece cierto: la violencia está en el Corán. Decir además que "una adecuada interpretación del Corán se opone a toda violencia" tiene necesidad de muchas explicaciones. Basta recordar los capítulos 2 y 9 del Corán.

Sin embargo, es verdad cuanto el pontífice afirma sobre el hecho que el Islam tiene necesidad de una "adecuada interpretación". Este camino ha sido recorrido por algunos eruditos, pero no es lo suficientemente fuerte para contrastar la que recorre la mayoría. Esta minoría de eruditos busca reinterpretar los textos coránicos que hablan de la violencia, mostrando que ellos están ligados al contexto de la Arabia de la época y estaban en el contexto de la visión político-religiosa de Mahoma.

Si el Islam quiere permanecer hoy en esta visión ligada al tiempo de Mahoma, entonces siempre habrá violencia. Pero si el Islam – hay un buen número de místicos que lo han hecho – quiere encontrar una espiritualidad profunda, entonces la violencia no es aceptable.

El Islam se encuentra frente a una encrucijada: o la religión es un camino hacia la política y hacia una sociedad políticamente organizada, o la religión es una inspiración para vivir con más plenitud y amor.

El que critica al Islam a propósito de la violencia no hace una generalización injusta y odiosa: muestra las cuestiones presentes, vivas y sangrantes en el mundo musulmán.

En Oriente se comprende muy bien que el terrorismo islámico está motivado religiosamente, con citas, oraciones y fatwa por parte de imanes que fomentan la violencia. El hecho es que en el Islam no hay una autoridad central que corrija las manipulaciones. Esto hace que cada imán se crea un mufti, una autoridad nacional que puede emitir juicios inspirados por el Corán, hasta llegar a ordenar que se mate.


CONCLUSIÓN: UNA "ADECUADA INTERPRETACIÓN DEL CORÁN"


Para concluir, el punto verdaderamente importante es el de la "adecuada interpretación". En el mundo musulmán, el debate más fuerte – que es también el más prohibido – es precisamente el de la interpretación del libro sagrado. Los musulmanes creen que el Corán salió de Mahoma, completo, en la forma que conocemos. No existe el concepto de inspiración del texto sagrado, la cual da espacio una interpretación del elemento humano presente en la palabra de Dios.

Tomemos un ejemplo. En tiempos de Mahoma, con tribus que vivían en el desierto, el castigo para un ladrón era cortarle la mano. ¿Para qué servía? ¿Cuál era la finalidad de este castigo? No permitir que el ladrón siguiera robando. Ahora debemos preguntarnos: ¿cómo podemos salvaguardar hoy esta finalidad, es decir, que el ladrón no robe? ¿Podemos utilizar otros métodos en lugar del corte de la mano?

Hoy todas las religiones tienen este problema: cómo reinterpretar el texto sagrado, el cual tiene un valor eterno, pero que se remonta a siglos o a milenios.

Cuando encuentro a amigos musulmanes, saco a la luz el hecho que hoy en día es necesario interrogarse sobre la "finalidad" (maqased) que tenían las indicaciones del Corán. Los teólogos y los juristas musulmanes dicen que se deben buscar las “finalidades de la Ley divina” (maq?sid al-shar?'a). Esta expresión corresponde a lo que el Evangelio llama “el espíritu” del texto, en oposición a la “letra”. Es necesario buscar la intención del texto sagrado del Islam.

Varios eruditos musulmanes hablan de la importancia de descubrir “la finalidad” de los textos coránicos para adecuar el texto del Corán al mundo moderno. Me parece que esto está muy próximo a cuanto el Santo Padre intenta sugerir al hablar de "una adecuada interpretación del Corán".

sábado, 23 de março de 2013

Dictadura del relativismo es pobreza espiritual de nuestros días, dice el Papa

VATICANO, 22 Mar. 13 / 10:01 am (ACI/EWTN Noticias).- Al dirigir esta mañana un discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa Francisco explicó que su nombre se debe al gran santo de Asís y su amor a los pobres, y precisó que existe en nuestros días una pobreza espiritual aún mayor que es la dictadura del relativismo, como la llamaba Benedicto XVI.

"Como sabéis, son varios los motivos por los que elegí mi nombre pensando en Francisco de Asís, una personalidad que es bien conocida más allá de los confines de Italia y de Europa, y también entre quienes no profesan la fe católica. Uno de los primeros es el amor que Francisco tenía por los pobres", dijo el Santo Padre.

"¡Cuántos pobres hay todavía en el mundo! Y ¡cuánto sufrimiento afrontan estas personas! Según el ejemplo de Francisco de Asís, la Iglesia ha tratado siempre de cuidar, proteger en todos los rincones de la Tierra a los que sufren por la indigencia, y creo que en muchos de vuestros países podéis constatar la generosa obra de aquellos cristianos que se esfuerzan por ayudar a los enfermos, a los huérfanos, a quienes no tienen hogar y a todos los marginados, y que, de este modo, trabajan para construir una sociedad más humana y más justa".

El Papa explicó luego que "hay otra pobreza. Es la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente también a los países considerados más ricos. Es lo que mi Predecesor, el querido y venerado Papa Benedicto XVI, llama la ‘dictadura del relativismo’, que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres".

"Llego así a una segunda razón de mi nombre. Francisco de Asís nos dice: Esforzaos en construir la paz. Pero no hay verdadera paz sin verdad. No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra".

Tras señalar que otro de los títulos del Obispo de Roma es el de Pontífice, es decir, el que construye puentes, el Santo Padre dijo que "en esta tarea es fundamental también el papel de la religión. En efecto, no se pueden construir puentes entre los hombres olvidándose de Dios. Pero también es cierto lo contrario: no se pueden vivir auténticas relaciones con Dios ignorando a los demás".

"Por eso, es importante intensificar el diálogo entre las distintas religiones, creo que en primer lugar con el Islam, y he apreciado mucho la presencia, durante la Misa de inicio de mi ministerio, de tantas autoridades civiles y religiosas del mundo islámico". 

El Papa dijo luego que "también es importante intensificar la relación con los no creyentes, para que nunca prevalezcan las diferencias que separan y laceran, sino que, no obstante la diversidad, predomine el deseo de construir lazos verdaderos de amistad entre todos los pueblos".

"La lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes. Son como los puntos de referencia de un camino al cual quisiera invitar a participar a cada uno de los países que representáis. Pero, si no aprendemos a amar cada vez más a nuestra Tierra, es un camino difícil".

Para concluir el Papa reiteró su agradecimiento a las delegaciones que estuvieron presentes en la Misa de inicio de su pontificado e hizo votos para que "el Señor Todopoderoso colme de sus dones a cada uno vosotros, a vuestras familias y a los Pueblos que representáis. Muchas gracias".


quarta-feira, 21 de novembro de 2012

Islam’s Rise and the West’s DenialIslam’s Rise and the West’s Denial - William Kilpatrick

In CWR

William Kilpatrick is an author and lecturer who taught for many years at Boston College and whose articles on Islam have appeared in numerous publications, including Investor's Business Daily, FrontPage Magazine, the National Catholic Register, and World magazine. He has written several books, including Psychological Seduction and Why Johnny Can't Tell Right from Wrong, and his most recent book, Christianity, Islam and Atheism: The Struggle for the Soul of the West, will be released next week from Ignatius Press. Kilpatrick recently spoke with Catholic World Report about Islam and its growing significance for the West.

CWR: You begin by noting that, yes, there is some common ground between Christianity and Islam, but the differences are far more important. What are the most important differences between the two religions? 

William Kilpatrick: Beneath the surface similarities lie important and largely irreconcilable differences. Islam rejects the Trinity, the Incarnation, the Crucifixion, and the Resurrection. In fact, associating partners with Allah—as Christians do—is considered the very worst sin. Chapter nine, verse 30 of the Koran says, “the Christians call Christ the son of Allah…Allah’s curse be on them: how they are deluded away from the truth.” Moreover, the God of the Koran bears little resemblance to the God worshipped by Christians and Jews. Although he occasionally expresses solicitude for Muslim widows and orphans, he shows little in the way of mercy, compassion, or justice, and he appears to hate non-Muslims with a vengeance. The Koran is full of lurid descriptions of the fate that awaits unbelievers in hell. 

The two faiths also differ sharply in their vision of paradise. Heaven for Christians means union with God and the fellowship of the saints. For Muslims heaven means union with 72 “high-bosomed” and eternally youthful virgins. That’s for males, of course; the Koran is unclear about what sort of heaven women will enjoy. These differing views of paradise have very serious practical implications in the here and now. The Islamic version of paradise creates quite an incentive for young men to try to get there as quickly as possible. And, according to Islamic tradition, the only sure route is by “killing and being killed in the cause of Allah.” Take Mohamed Atta. Due to an airline mistake his luggage was left behind in Boston on the day of the 9/11 flight. When authorities later opened it they found a wedding suit, a bottle of cologne, and a letter expressing his anticipation of marriage to his 72 heavenly wives. As Richard Weaver wrote, “ideas have consequences.” 

CWR: The Second Vatican Council and the Catechism of the Catholic Church mention Islam briefly and rather positively. Otherwise, there isn’t much in the way of official Church statements on Islam. Why is that? Is there a need for such?
 
Kilpatrick: Nostra Aetate, the Second Vatican Council’s declaration on the relation of the Church to non-Christian religions, includes two short paragraphs sketching out several commonalities between Christians and Muslims. It must be remembered, however, that finding commonalities was precisely the task set forth in the initial paragraph of the declaration: “She considers above all in this declaration what men have in common….” In light of this and in view of its brevity, Nostra Aetate can hardly be considered to be the Church’s final word on Islam—although some Catholics have taken it to be just that. The statement about Muslims in the Catechism is even shorter—only 44 words—and merely echoes Nostra Aetate’s observation that both Christians and Muslims worship the One God. 

How do you account for this minimalist treatment? The probable answer is that at the time of the Vatican Council, militant Islam was fairly quiescent, and the Church fathers were far more concerned with the threat from atheistic communism. Now that Islam is once again set on subjugating the rest of the world, Catholics need to be given a fuller picture of Islam, if for no other reason than that their survival may depend on it. Catholics and other Christians have been lulled into complacency by the simplistic notion that Christians and Muslims share much in common. For example, when a Catholic reads that Muslims worship the same God and revere the same Jesus he does, he might easily jump to the conclusion that Islam is really a religion of peace and that terrorists are “misunderstanders” of their Islamic faith. That is a very naïve view to hold in these very dangerous times. 

CWR: “This book,” you write in the introduction, “is intended, in part, as a wake-up call.” What is the Western world missing? And, more specifically, what are Catholics missing when it comes to rightly gauging and studying Islam today?
 
Kilpatrick: One thing that the West doesn’t grasp is that Islam is a political religion with political ambitions. Omar Ahmad, the co-founder of the Council on American Islamic Relations, has said that “Islam isn’t in America to be equal to any other faith but to be dominant. The Koran should be the highest authority in America, and Islam the only accepted religion on earth.” Numerous Islamic authorities have expressed similar sentiments. The supposedly moderate Imam Feisal Rauf, the initiator of the Ground Zero mosque project, wrote an article for the Huffington Post containing the observation, “What Muslims want is a judiciary (in the US) that ensures that the laws are not in conflict with the Qur`an and the Hadith.” What he means is that US law must be brought in line with Islamic sharia law. Since very many provisions of sharia law are considered criminal under US law, that would mean the overthrow of much of our legal code. 

Many Catholics also fail to realize the political nature of Islam and imagine that a mosque, like a church, is simply a place of worship. But a mosque is more than that. Political and community issues are dealt with in a mosque, and calls to jihad are frequently issued in mosques. For example, many of the “Arab Spring” demonstrations were set in motion from mosques following the Friday sermons. Moreover, there are many instances of mosques being used for mentoring terrorists or for storing arms and explosives. According to a popular Muslim poem: 

The mosques are our barracks,
the domes our helmets
the minarets our bayonets
And the faithful our soldiers 

Many Muslims think of Islam not only as a religion but also as an army—an army with a mission of subjugation. That’s why the penalty for apostasy is death. Just as a deserter from an army in time of war may be punished with the death penalty, so also a deserter from the army of Islam. 

The political nature of Islam ought to give pause to Catholics who think they can dialogue with Muslims in the same way they dialogue with Baptists or Jews. A recently concluded series of Catholic-Muslim dialogues sponsored by the USCCB highlights the problem. It turns out that the bishops’ dialogue partners are all members of Muslim activist groups with links to the Muslim Brotherhood. One of the counterparts, Sayyid Syeed, is a prominent figure in the Islamic Society of North America—a group that was designated as an unindicted co-conspirator in a massive terrorist funding scheme. One wonders if the bishops fully understand who they are dealing with. 

CWR: How has Islam, worldwide, changed since the mid-20th century? 

Kilpatrick: It’s changed for the worse. The Muslim world was far more moderate in the mid-20th century than it is now. That’s in large part because secular strongmen in Egypt, Iran, Iraq, Turkey, and elsewhere acted as a restraining force on the more extreme manifestations of Islam. But as these rulers were swept aside, often with the help of the West, traditional Islam was able to assert itself, and traditional Islam is, in many senses, more oppressive and dictatorial than the dictators it replaced. Egypt, Iraq, and Iran, for example, were far more Westernized and secularized than they are now. Young women didn’t wear hijabs or ankle-length chadors, and as Ali Allawi—a former Iraqi cabinet minister—writes, “Muslims were more likely to identify themselves by their national, ethnic, or ideological affinities than by their religion.” Allawi observes of Iraq in the 1950s: “It appeared to be only a matter of time before Islam would lose whatever hold it still had on the Muslim world.” The recent revival of traditional, militant Islam is, in many respects, a reaction to that loss of faith. The new breed of Salafist and Muslim Brotherhood preachers are intent on recalling Muslims to the full practice of their faith—including the “forgotten obligation” of jihad. 

CWR: Why is it that so many secularists attack and mock Christianity but treat Islam with a strangely milquetoast sort of respect? How much of this is rooted in a flawed multiculturalism?
 
Kilpatrick: The attacks on Christianity are not rooted in a flaw in multiculturalism, but rather in the nature of multiculturalism. The multicultural creed is based on the fiction that all cultures, religions, and traditions are roughly equal. But there is no equivalence between the achievements of Western Christian civilization and Islamic civilization. In order to equalize them it’s necessary to pull down Christianity and the West while applying affirmative action whitewash to Islam. This, of course, leads to any number of bizarre double standards. For example, Mayor Tom Menino of Boston stated that the Chick-fil-A restaurant chain was not welcome in Boston because its president does not approve of gay marriage, while the same Mayor Menino has been very welcoming to Islamic groups that, in addition to wanting to abolish gay marriage, also want to abolish gays. Mayor Menino gave a speech at the ribbon-cutting ceremony of a very large mosque built by the Islamic Society of Boston. Not only that, he donated a $1.8 million parcel of municipal land to the project. One of the seven trustees of the Islamic Society of Boston is the world-renowned Imam Yusuf al-Qaradawi, who believes that gays should either be burned to death or thrown from a high place. So, in Boston, what’s sauce for the goose is not necessarily sauce for the chicken fillet. 

A more ominous development is that there now exists a tacit alliance between radical secularists and radical Islam. The most obvious example of this is the alliance between Islamic Iran and leftist Venezuela, but there are many other examples. Leftist professors regularly work with members of the Muslim Student Association (a Muslim Brotherhood offshoot) toward furthering Islamic goals. The campaign against the supposed hate crime of Islamophobia has been largely engineered by the left. And the leftist Justice Department has done its best to undercut the ability of law enforcement to investigate terrorist activities. Muslims, for their part, quickly learned to employ the methods pioneered by secular militants. Muslim activists groups portrayed themselves as civil rights groups and labeled any resistance to their agenda as hateful, bigoted, racist, and Islamophobic. At the same time, these Muslim groups can rely on the secular media to portray them in the best possible light. 

CWR: Many parts of Europe appear to be succumbing, in one way or another, to Islamization. What about the United States?
 
Kilpatrick: The US is on the same river as Europe, but not as close to the falls. It appears, however, that it’s trying hard to catch up. During the last three administrations, Muslim activists have worked hard to gain positions of influence in the government, and with great success. Muslim activist groups convinced the Department of Homeland Security to delete words like “jihad,” “Islamist,” and “terrorist” from their lexicon. In compliance with Muslim demands the Justice Department ordered the military to delete from its training manuals any suggestion that there is a connection between Islam and violence. And the State Department played a major role in enabling the Muslim Brotherhood to come to power in North Africa. Moreover, the State Department has been working with the Organization of Islamic Cooperation for more than a year toward the goal of establishing anti-blasphemy laws or something akin to them. If the effort succeeds, criticism of Islam will then be a crime—as it already in many European countries. Meanwhile, a steady flow of Saudi money helps to ensure that college students learn only an Islam-friendly version of history and current events. 

At first glance it would appear that Islamization is unlikely here because the Muslim population is small and, unlike Europe, America is a churchgoing nation with a healthy birthrate. But there is still reason for alarm. Although Christianity is in much better shape in America than in Europe, there has been a significant decline in the number of those who self-identify as Christians and a significant increase in the number of atheists, agnostics, and those who identify with no religion. Moreover, if American Christians haven’t been able to resist the growth of anti-religious secularism, how likely is it that they will be able to resist the efforts of dedicated and well-funded cultural jihadists? 

In addition, America’s healthy birthrate is not as healthy as it first appears, because 41 percent of those births now occur out of wedlock. Fifty-five percent of Hispanic children are born out of wedlock, as are 72 percent of black children. As they grow older, children born into unstable families are more likely to see the structured life of Islam as a solution rather than as a problem. 

Islamization is not simply a numbers game. For an analogy, consider that homosexuals make up only 2 to 3 percent of the population, but have nevertheless exerted an outsize influence on public policy and school curriculums. Of course, they have been able to do this with the help of liberal elites in media, academia, the courts, and the entertainment industry. But remember that Islamic activists have the backing of the very same people. 

Islamization won’t happen tomorrow in America, but there is a distinct possibility that our children will grow up in an America dominated by Islam. It’s not necessary to be a majority or anywhere near a majority in order to dominate. Throughout history Islamic warriors have managed to subdue populations much larger than their own. If America is eventually subjugated, however, it won’t be the result of armed jihad, but of cultural jihad—the steady incremental advance of sharia law through agitation, propaganda, lawfare, political activism, and infiltration of key governmental and educational institutions. Many Muslim leaders have made it plain that they plan to subjugate America under Islam. We should take them seriously. 

CWR: What do you think of the current approach taken by our government toward Islam in the Middle East?
 
Kilpatrick: Our policies have enabled the creation of a Middle East that is far more radical than it once was. The media likes to refer to terrorists as “misunderstanders” of Islam, but it is our government that misunderstands Islam. In failing to understand Islam we have cooperated in the ascendancy of the most extreme types of Islamists. As a result, much of the Muslim Middle East is falling into the hands of our enemies. One of the immediate results has been intensified persecution of Christians. As bad as they were, the previous secular rulers at least provided some protection to Christians. Now, Christians are increasingly subject to intimidation, confiscation of property, forced conversions, rape, mob attacks, and murder. 

Another result of our misguided policies is that Israel is now surrounded by people who seek its annihilation. Hatred of Jews is deeply rooted in the Koran and in Islamic tradition. In helping to bring to power those Muslims who adhere most closely to the Koran, we have put Israel in a precarious position. The new, Muslim Brotherhood-led government of Egypt has already signaled its intention to break its peace treaty with Israel. All of this was entirely predictable for anyone with a basic knowledge of the Muslim Brotherhood. 

CWR: What must Christians do to address and cope with the problems presented by the spread of Islam?
The first thing Christians need to do is inform themselves about Islam. Christians, like secularists, tend to view Islam through a multicultural lens and assume that Islam is like other religions. But it is not. Islam is not a religion of peace, but a religion of conquest that aims to subjugate non-Muslims. This isn’t just a theory. Look at every nation where Muslims rule and you will find that non-Muslims are assigned an inferior status. In studying Islam, Christians will also find that the Jesus of the Koran is nothing at all like the Jesus of the Gospels. In fact, he seems to have been introduced into the Koran for the sole purpose of contradicting the Christian belief in Jesus as the son of God. The Church also has an obligation to more fully inform Catholics about Islam. The treatment of the subject in Nostra Aetate and the Catechism of the Catholic Church are brief and inadequate. Catholics need to know a great deal more about Islam and have to move beyond the simplistic assumption that because God and Jesus and Mary are in the Koran, everything must be okay. 

As I said earlier, Christians must realize that Islam is a political religion, and they need to be aware that religious overtures on the part of Muslims are often nothing other than political maneuvering. For example, Christians should avoid being pulled into Islam’s anti-blasphemy/anti-defamation campaign, because the ultimate goal of this campaign is to criminalize criticism of Islam. And, by the way, simply to assert the divinity of Christ is a blasphemy of the highest order according to the Koran. 

Likewise, Christians should be careful about aligning themselves with Islamic activist groups on religious freedom issues. When Muslim leaders talk about freedom of religion, they mean freedom to practice sharia—a legal, social, political, and theological system that is inimical both to Christianity and the First Amendment. Muslim spokesmen are quite willing to affirm their belief in religious freedom because according to Islamic tradition there is only one religion—Islam. Under Islamic law, all other religions are considered abrogated. In Muslim countries, religious freedom for non-Muslims is either non-existent or greatly restricted. Christians who are tempted to partner with Muslims in the cause of religious freedom need to recall Christ’s words about “sheep in the midst of wolves.”