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quinta-feira, 24 de março de 2011

The Lancet on Bernard Nathanson


by Alison Snyder

In The Lancet

Obstetrician and gynaecologist who ran one of the largest abortion clinics in the USA before becoming a pro-life advocate. Born in New York City, NY, USA, on July 31, 1926, he died there from cancer on Feb 21, 2011, aged 84 years.

“I know every facet of abortion. I was one of its accoucheurs; I helped nurture the creature in its infancy by feeding it great draughts of blood and money; I guided it through its adolescence as it grew fecklessly out of control”, Bernard Nathanson wrote in his 1997 memoir The Hand of God: A Journey from Death to Life by the Abortion Doctor Who Changed His Mind. A prominent obstetrician and gynaecologist who fought for abortion rights in the late 1960s, Nathanson later became a pro-life activist.

Nathanson received his undergraduate degree from Cornell University and his medical degree from McGill University in 1949. He then served in the US Air Force before opening a private practice in Manhattan. As an intern at the Women's Hospital in New York during the mid-1950s, Nathanson treated poor women who had undergone illegal abortions, which he later called “the number one killer of pregnant women”, and which convinced him of the importance of expanding access to legal abortion services.

In 1969, Nathanson co-founded the National Association for the Repeal of Abortion Laws (NARAL), now known as NARAL Pro-Choice America, an advocacy group that worked for the legalisation of abortion in the USA and continues to lobby for expanded access to abortion. When New York repealed its abortion laws in 1970, Nathanson became the director of the Center for Reproductive and Sexual Health, then the largest abortion clinic in the USA. He ran the Manhattan clinic for 2 years before becoming the chief of obstetric services at St Luke's Hospital from 1972 until 1978. During that decade, Nathanson estimated that he oversaw some 75 000 abortions, including 5000 that he performed.

“I started changing my mind in 1973, when advanced technology moved into our hospitals and offices. I speak now of ultrasound imaging, fetal heart monitoring electronically, hysteroscopy, fetoscopy—things that gave us a window into the womb. Over a period of 3 or 4 years, I mulled over these technologies and what they revealed”, Nathanson told The Interim, a Canadian pro-life newspaper in 2009. He recalled that, as a medical student, he was told that science couldn't answer the question of whether the fetus is a human life. By 1974, he wrote in The New England Journal of Medicine: “There is no longer serious doubt in my mind that human life exists within the womb from the very onset of pregnancy, despite the fact that the nature of the intrauterine life has been the subject of considerable dispute in the past.”

Nathanson continued to perform abortions for medical reasons until late 1978 or early 1979, when he performed his last abortion on a woman with cancer. Then, in 1979, he published Aborting America with reporter Richard Ostling. In the book, Nathanson claimed that he and other abortion rights activists inflated statistics, such as the number of illegal abortions and the number of women who died from them each year, in arguing for the repeal of abortion laws. He wrote, “These false figures took root in the consciousness of Americans, convincing many that we needed to crack the abortion law.” In 1985 he produced Silent Scream, a controversial short film that showed the vacuum aspiration abortion of a 12-week-old fetus; according to Nathanson's narration the fetus could be seen “rearing away” from medical instruments. He also made a documentary, Eclipse of Reason, about abortion procedures, including late-term abortion. Planned Parenthood charged that Nathanson's films were based on ideology, not on medical science.

Nathanson was an assistant professor of obstetrics and gynaecology at Cornell University from 1984 to 1990 and an associate professor at New York Medical College from 1990 until 2002. He is survived by his fourth wife, Christine, and a son from a previous marriage. Nathanson maintained that he became a pro-life activist through scientific reasoning based on the advent of ultrasound imaging rather than for moral reasons. He was a self-described Jewish atheist until 1996, when he was baptised a Roman Catholic. “I felt the burden of sin growing heavier and more insistent”, he wrote. “I have such heavy moral baggage to drag into the next world that failing to believe would condemn me to an eternity perhaps more terrifying than anything Dante envisioned.”

quinta-feira, 24 de fevereiro de 2011

La carta en la que Nathanson revela sus crímenes y su estrategia para legalizar el aborto


Hacerse con los medios de comunicación; falsificar estadísticas; jugar la carta del anticatolicismo; ignorar la evidencia científica.

In
Religión en Libertad

El pasado 21 de febrero, falleció Bernard Nathanson, el médico que de “rey del aborto”, como se lo llamó, se convirtió en uno de los más importantes defensores de la vida humana desde la concepción.

Su cambio radical de médico abortero a médico pro-vida, se concretó a través de evidencias científicas. “Como científico no creo, yo se y conozco que la vida humana comienza en la concepción”, escribió en 1992.

Se reconoció como responsable directo de la muerte de 75.000 niños no-nacidos. Abandonó la industria del abominable crimen del aborto en 1979. Su testimonio, especialmente a través de dos películas, “El Grito Silencioso” (1984) y “El eclipse de la razón” (1987) y de su autobiografía “La Mano de Dios” (1996), es capital para el esclarecimiento y la promoción de la defensa de la vida del niño no-nacido en todo el mundo.

En 1992, escribió una carta pública que constituye un testimonio excepcional y una advertencia a tener muy en cuenta, sobre todo en los países que sufren la presión abortista para legalizar el crimen abominable del aborto.

En 1996, el Dr. Nathanson, judío de nacimiento, fue bautizado en la Iglesia Católica por el Cardenal John O’Connor, en la catedral de San Patricio de Nueva York, en la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Carta abierta del Dr. Bernard Nathanson (1992)

“Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.

Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en los Estados Unidos, en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años conseguimos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en 1973. ¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.

Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de comunicación; les convencimos de que la causa proaborto favorecía un avanzado liberalismo y sabiendo que en encuestas veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según ellas el 60% de los norteamericanos era favorable a la implantación de leyes permisivas de aborto. Fue la táctica de exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente, basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se producían anualmente en USA. Esta cifra era de 100.000 (cien mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace verdad.

El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que continuamente repetían los medios era 10.000 (diez mil), y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanas convenciéndoles de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.

Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solamente implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad es que actualmente, el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en USA. Y el número de anual de abortos se ha incrementado en un 1500%, 15 veces más.

La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo.

Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel del "malvado" principal entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas Jerarquías, no del pueblo católico; y una vez más, falsas encuestas "probaban" reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes antiaborto. Y los tambores de los medios persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía Católica y que los católicos proaborto eran los inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aún ateos, se declarasen pro-vida, fue constantemente silenciado.

La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.

Frecuentemente me preguntan que es lo que me hizo cambiar. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro-vida? En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran Hospital de la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro aborto es aducir la imposibilidad de definir cuando comienza el principio de la vida, afirmando que ello es un problema teológico o filosófico, no científico.

Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros.

Ud. podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores, conocedores de la fetología, se desacreditan practicando abortos?

Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los doctores que practican el aborto.

Es un hecho claro que el aborto voluntario es una premeditada destrucción de vidas humanas. Es un acto de mortífera violencia. Debe de reconocerse que un embarazo inesperado plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.

Como científico no creo, yo se y conozco que la vida humana comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión determinada, creo con todo mi corazón que existe una divinidad que nos ordena finalizar para siempre este infinitamente triste y vergonzoso crimen contra la humanidad”.

Dr. Bernad Nathanson