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segunda-feira, 20 de janeiro de 2014

A circunferência rectangular - por Nuno Serras Pereira

20. 01. 2014

Eu sei que parece incrível mas confesso que sempre pensei que a função ou melhor a missão de um órgão de informação católico fosse a de informar e a de formar. Porém, tenho verificado que é exactamente o contrário. A extraordinária emissora católica (?) do episcopado português tem, mais uma vez, vindo a demonstrar exactamente o contrário – embora depois dê aparências de emendar a mão com uma Nota que não passa de uma minúscula ilha no vasto oceano dos serviços noticiosos.

Não obstante, os leitores dos garatujos que vou esboçando estejam habituados a ler, sempre com crescente espanto, as minhas estravagâncias inconcebíveis, estou em que se desatasse a redigir artigos sobre os quadrados triangulares ou sobre as circunferências rectangulares não duvidariam que tinha ultrapassado infinitamente todos os limites do razoável. Pois… Mas ninguém se assombra com as repetições ao longo do dia, todos os dias, na “informação” da rr da expressão “casais homossexuais” (sic = assim mesmo). Se isto não é desinformação nem deformação então não existe diferença alguma entre a verdade e a mentira, o certo e o errado, a realidade e a alucinação delirante.

E, no entanto, seria tão fácil dizer: os pseudocasais homossexuais; ou os impropriamente (falsamente) chamados casais homossexuais; ou entre pessoas do mesmo sexo a que uma lei injusta e, portanto, carecida de qualquer autoridade ou valor denomina de casais homossexuais, etc. Claro que poderá sempre argumentar-se que não é prático, que são frases extensas…

Mas entre ter que dizer mais algumas palavras e não ser objectivamente cúmplice da propaganda da ideologia do género a escolha parece-me clara. Além de que não só se deixa de incutir nas mentalidades dos ouvintes essa venenosa e perversa ideologia como, pelo contrário, se infunde a verdade nas consciências dos mesmos.

À Honra e Glória de Cristo, Caminho, VERDADE, e Vida. Ámen.

quinta-feira, 16 de janeiro de 2014

Homossexuais contra co-adopção: «Soy homosexual, no gay»: testimonio de Jean-Pier en la manifestación pro-familia de Roma

In ReL

El sábado 11 de enero en Roma tuvo lugar una manifestación en defensa de la familia, la primera organizada por La Manif Pour Tous Italia (www.lamanifpourtous.it) en la que participaron más de 4.000 personas.

Publicamos a continuación de forma íntegra el discurso de Jean-Pier Delaume-Myard, francés, un hombre con sentimientos homosexuales y que se define como homosexual, pero que está en contra de redefinir el matrimonio y de que se entreguen niños a parejas del mismo sexo, privándoles de la posibilidad de crecer con un padre y una madre.

Discurso de Jean-Pier Delaume-Myard,
Roma, 11 de enero de 2014

Queridos amigos, ¡buenas tardes a todos! Desgraciadamente no tengo la suerte de hablar vuestro bello idioma, por lo que os ruego que me permitáis hablar en francés. Soy muy feliz y es para mí un honor estar aquí en Italia, junto a vosotros, con La Manif pour Tous Italia.

Lo que nos reúne hoy aquí es el valor fundamental de la familia. Nosotros mismos formamos una bonita y gran familia que va más allá de las fronteras nacionales, porque la familia es una y universal.

Que se hable de esto aquí, en vuestro país Italia, como en el nuestro Francia, o en otros países europeos o en todo el mundo, no importa. De hecho, me gustaría recordar a mi amigo Bobby que lucha como nosotros en los Estados Unidos contra los lobbies gais porque no queremos que la mujer sea considerada una mercancía, no queremos que los niños sean privados voluntariamente de un padre o de una madre, o de ambos.

Conozco un poco Italia. He tenido ocasión de venir varias veces, en circunstancias distintas. La primera vez fue en 1981, después de una grave enfermedad que me había trastornado durante mi adolescencia. Para dar gracias al Señor por haberla superado fui a San Damiano, dónde aún vivía Mama Rosa que había visto a la Virgen María. Después tuve la suerte de venir a Roma para participar en una audiencia privada con el Papa Juan Pablo II. Pero he venido también en otras ocasiones. El vínculo que me une a Italia es también de tipo afectivo; de hecho, viví 8 años con un amigo italiano.

En el mes de noviembre de 2012, en Francia los medios de comunicación anunciaron que todas las personas homosexuales estaban a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y que todos los homosexuales querían hijos.

En realidad me estaban robando mi voz, estaban robando nuestra voz, de nosotros homosexuales que no habíamos pedido nada de todo esto.

Por este motivo decidí coger papel y bolígrafo como un simple ciudadano y escribir en el sitio web de una conocida publicación semanal francesa: Le Nouvel Observateur.

Ese artículo, titulado “Soy homosexual, no gay: ¡detened esta confusión!” dio la vuelta rápidamente en la red con más de 110.000 visitas.

En el artículo escribo, entre otras cosas, que “no estoy orgulloso de mi orientación sexual, no más de lo que un hetero lo esté de la suya».

Quiero recordar claramente que “los gais hacen referencia a una cultura, a un estilo de vida. Necesitan que su carnicero, su panadero, su kiosquero sean gais. Quieren vivir con otros gais… Yo, como homosexual y como individuo de una nación, he elegido siempre habitar y actuar sin preocuparme de la orientación sexual de mis vecinos o de mis compañeros de trabajo”.

En el artículo planteo también una pregunta importante: “¿Por qué quieren una ley en favor del matrimonio entre personas del mismo sexo? ¿Para las personas homosexuales o para los centenares de “gais” que viven en las zonas chic de París?”.

Después de esto hemos fundado un colectivo llamado HomoVox (www.homovox.com) que reúne a centenares y centenares de homosexuales que se oponen a la ley sobre el matrimonio gay.

He tenido la posibilidad de dar un testimonio en video y la he aceptado de buen grado. Después de tantos artículos y testimonios, el 25 de enero de 2012 me reuní con el Presidente de la República Francesa.

Cuando le dije que la ley sobre los matrimonios gais era en realidad el árbol detrás del cual se escondía el bosque de la maternidad subrogada y de la reproducción medicamente asistida, él me respondió: “No soy para nada favorable a esto y me expresaré en contra”.

En Francia tenemos serias dudas sobre esta cuestión. Sabemos que en ocasión de la presentación de la proxima ley sobre la familia, en marzo, algunos diputados de la actual mayoría depositarán enmiendas en favor de la reproducción medicamente asistida y de la maternidad subrogada.

Como homosexual, desde el principio de mi compromiso, no trabajo en favor de un partido político y menos aún en favor de una comunidad; a mí no me gusta el comunitarismo. Combato en conciencia y con todas mis fuerzas para que cada niño tenga un padre y una madre.

Si yo fuera heterosexual, habría perseguido el mismo fin, es decir, ¡el de la racionalidad!

Mi compromiso no tiene nada que ver con mi orientación sexual.

Me he comprometido porque si uno tiene un mínimo de compasión por los seres humanos, ciertamente no se puede aceptar que un niño se quede sin puntos de referencia sociales.

Me he comprometido porque si dentro de veinte años me encontrase con un chico o una chica, hijo de una pareja del mismo sexo, no quiero que me reproche por haberle privado de la posibilidad de tener un padre o una madre, como cada niño, hijo de una pareja divorciada, de una pareja de hecho o casada. ¡Para todos son necesarios un padre y una madre!

Me he comprometido porque mi deseo de tener hijos no tiene que tener como consecuencia la llegada al mundo de un niño sin el afecto materno.

Me he comprometido porque, como persona responsable, no quiero tener que responder un día a mi hijo, cuando me pregunte quién era su madre, que su identidad no es distinta al número de un cheque.

En Francia, La Manif Pour Tous no sólo es víctima de discriminación, sino que es objeto también de graves violencias por parte de la policía o de duras condenas judiciales. Estoy pensando en Nicolas, un joven de 23 años detenido el 19 de junio de 2013 por llevar puesta una sudadera de La Manif Pour Tous en los Campos Elíseos y condenado a ¡dos meses de cárcel!

Las Autoridades de mi país no han querido oir la voz de una petición que había recogido ¡700.000 firmas!

En Francia la ley que abre al matrimonio de las parejas del mismo sexo ha sido votada deprisa a mano alzada en su segunda lectura ¡con el fin de preservar la paz social!

En Francia las más altas autoridades han declarado que éramos 300.000 personas, cuando en realidad se han manifestado más de ¡un millón de ciudadanos!

Quisiera también aprovechar esta ocasión para dar las gracias de parte de La Manif Pour Tous a uno de vuestros connacionales, Luca Volontè, antes Presidente del PPE en Estrasburgo.

Gracias a uno de vosotros, queridos amigos italianos, el comité de los ministros del Consejo de Europa ha planteado con fecha 23 de abril de 2013 una pregunta al Gobierno francés acerca de la gestión de las manifestaciones en favor de la familia y ha pedido con insistencia al Gobierno que dé explicaciones. Cosa inédita en la patria de los derechos del hombre. Gracias Sr. Luca Volontè.

Si mañana en Francia o en Italia se aprobaran la maternidad subrogada o la reproducción asistida, desgraciadamente no seremos nosotros quienes pagaremos las consecuencias. Las pagarán, ante todo, los mismos niños, privados del derecho legítimo a la filiación directa. Les privaremos del derecho a tener un padre y una madre.

Pagarán las consecuencias los mismos homosexuales, porque son estas mismas leyes las que están creando la homofobia, no los que se manifiestan.

Hoy no tenemos necesidad de llevar puesto una vestido de novia para tener los mismos derechos.

El deseo de tener un hijo es una realidad singular y dolorosa. Yo lo sé. Pero nosotros homosexuales no pedimos a la sociedad un bricolaje legislativo para cambiar la realidad.

La política del gobierno francés no tiene otro objetivo más que el de matar a la Familia. El gobierno “familiafóbico” mata a la familia.

La Manif Pour Tous en Francia sigue pidiendo la abrogación de la ley que autoriza el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Además de la necesaria abrogación de dicha ley, proponemos que se reconozca la filiación en el seno de la familia. Un niño no es una mercancía de trueque ni carne de cañón; es un ser humano que tiene el derecho de conocer el origen cultural, geográfico, social y religioso de sus padres.

En lo que respecta las próximas elecciones europeas, recordaremos a los candidatos la importancia de las decisiones que están llamados a tomar. Los candidatos deberían firmar una carta en la que declaran proteger a la familia y respetar a las personas.

Os invitamos a hacer lo mismo en Italia porque estamos convencidos de que la familia es el lugar mejor para crecer y ser educados.

Estamos convencidos de que la familia es la célula base de la sociedad y que la familia asegura el futuro y el progreso del país.

El 21 de octubre pasado publiqué un libro titulado HOMOSEXUAL contra el matrimonio “para todos”. Esta publicación ha sido censurada por los medios de comunicación por la presión ejercida por el lobby LGBT.

Este lobby me acusa de ser un traidor porque no pienso igual que los dos mil gais de París. Es una actitud completamente homofóbica por su parte. Significa que un homosexual no puede ni pensar ni actuar autónomamente.

Más grave es el hecho de que he recibido amenazas de muerte en la web. ¿Quién es homófobo, La Manif Pour Tous o ellos?

Nosotros ciudadanos italianos o franceses, hombres y mujeres razonables, homosexuales o heterosexuales, proseguiremos nuestro camino de hombres responsables que quieren dejar tras de sí un planeta donde los hombres con H mayúscula no sean un bien comercial.

La denominada libertad, querida por algunos, no debe condenar al hombre y su diversidad. El derecho a la diferencia debe seguir siendo la única libertad del ser humano. ¡La naturaleza es la única que puede vigilar!

Por eso, La Manif Pour Tous os da las gracias por haber creado La Manif Pour Tous Italia. Os agradezco de corazón vuestra calorosa acogida. Gracias a todos, nos volveremos a ver pronto, con ocasión de una gran manifestación europea. ¡No renunciaremos nunca!

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)
 
 
 







domingo, 15 de dezembro de 2013

La lobby gay imbavaglia i giornalisti - di Massimo Introvigne

In NBQ

Credevate che l'UNAR, l'Ufficio nazionale antidiscriminazioni razziali del Ministero delle Pari Opportunità ce l'avesse solo con gli insegnanti, imponendo loro d'insegnare obbligatoriamente l'ideologia di genere? Sbagliavate. Ora se la prende con i giornalisti, pubblicando il 13 dicembre un documento tecnicamente incredibile, intitolato «Linee guida per un'informazione rispettosa delle persone LGBT» (in fondo all'articolo si può scaricare il documento). Il modesto titolo «Linee guida» non inganni. Si precisa subito infatti che i giornalisti che non si piegheranno ai diktat dell'UNAR violeranno le norme deontologiche, per cui la denuncia all'Ordine dei Giornalisti è dietro l'angolo. Inoltre il testo - tutto bastone e poca carota - spiega anche che è solo questione di tempo: «l'Italia si sta adeguando» ai Paesi più civili, presto il Parlamento introdurrà una «legislazione specifica» contro l'omofobia e il giornalista che sbaglia rischierà non solo il deferimento all'Ordine ma la galera.

E che cosa si deve fare per adeguarsi? Occorre rispettare dieci comandamenti, redatti dagli esperti - quasi tutti di organizzazioni LGBT - che hanno preparato le linee guida. Primo: non confonderai il sesso con il genere. Il sesso è una caratteristica anatomica, ma ognuno sceglie se essere uomo o donna «indipendentemente dal sesso anatomico di nascita». È davvero il primo comandamento dell'ideologia di genere, ma ora diventa obbligatorio.

Secondo: benedirai il «coming out». Vietato parlare di «gay esibizionisti»: il giornalista porrà invece attenzione a sottolineare gli aspetti positivi della «visibilità» degli omosessuali e il coraggio di chi si rende visibile.

Terzo: riabiliterai la parola «lesbica».  «Dare della lesbica» non è un insulto: è un complimento. Ma attenzione a non esagerare, promuovendo il «voyeurismo» dei maschietti. Quarto comandamento: attenzione agli articoli. Se un transessuale si sente donna il giornalista deve scrivere «la trans» e non «il trans». Per Vladimir Luxuria, per esempio - è esplicitamente citato (o citata?) nelle linee guida - vanno sempre usati articoli e aggettivi al femminile. Non importa - al solito - l'anatomia: se qualcuno «sente di essere una donna va trattata come tale». Quinto: non associare transessuali e prostituzione. E comunque mai parlare di prostitute o prostituti. Il giornalista userà invece l'espressione «lavoratrice del sesso trans».

Come è giusto per materie di questo genere, molto si gioca sul sesto comandamento: il giornalista dovrà educare i suoi lettori a considerare cosa buona e giusta il «matrimonio» omosessuale, «o almeno il riconoscimento dei diritti attraverso un istituto ad hoc» . Farà notare che «il matrimonio non esiste in natura, mentre in natura esiste l'omosessualità». Fuggirà come la peste «i tre concetti: tradizione, natura, procreazione», sicuro indizio di omofobia. Ricorderà ai suoi lettori che il «diritto delle persone omosessuali ad avere una famiglia è sancito a livello europeo».

Il sesto comandamento dell'UNAR basta a mettere nei pasticci qualunque giornalista che per avventura fosse d'accordo con il Magistero cattolico. Se qualcuno sfuggisse al sesto, incalza però il settimo comandamento: vietato parlare di «matrimonio tradizionale» e, per converso, di «matrimonio gay», che il giornalista dovrà invece qualificare come «matrimonio fra persone dello stesso sesso» per non rischiare, anche involontariamente, di diffondere la pericolosa idea secondo cui si tratterebbe di «un istituto a parte, diverso da quello tradizionale».

Difficilissimo poi per il giornalista cattolico - o, che so, per il collaboratore di questa testata - evitare di violare l'ottavo comandamento, il quale in tema di adozioni vieta di sostenere che il bambino «ha bisogno di una figura maschile e di una femminile come condizione fondamentale per la completezza dell'equilibrio psicologico». Il giornalista che sostenesse questa tesi si renderebbe responsabile della propagazione di un «luogo comune», smentito dalla «letteratura scientifica». Vietatissimo, poi, parlare di «utero in affitto», espressione «dispregiativa» da sostituire subito con «gestazione di sostegno».

Il nono comandamento sembra scritto apposta per il caso di Giancarlo Cerrelli, il noto vicepresidente dell'Unione Giuristi Cattolici Italiani colpevole di rappresentare troppo efficacemente le ragioni di chi ė contrario alla legge sull'omofobia in televisione e quindi dichiarato persona non gradita nei programmi RAI. «Quando si parla di tematiche LGBT - si legge in un passaggio delle linee guida che sarebbe esilarante se non ci fosse la minaccia di gravi sanzioni per chi sgarra - è frequente che giornali e televisioni istituiscano un contraddittorio: se c'è chi difende i diritti delle persone LGBT si dovrà dare voce anche a chi è contrario». Sembrerebbe il minimo sindacale del pluralismo e della democrazia, specie se parliamo della RAI e di servizio pubblico.

Ma le linee guida ci dicono che questo «non è affatto ovvio». Il caso Cerrelli insegna. «Cosa deve accadere affinché il contraddittorio fra favorevoli e contrari ai diritti delle persone gay e lesbiche non sia più necessario?». La risposta corretta sarebbe che deve accadere l'instaurazione di una dittatura, per dirla con Papa Francesco, simile a quella del romanzo «Il padrone del mondo» di Benson. La risposta delle linee guida invece è che basta una «scelta puramente politica» - che l'UNAR si arroga l'autorità di fare - per dire basta a questi dibattiti fastidiosi e pericolosi. Il buon conduttore televisivo avrà cura che sia espressa solo un'opinione, quella corretta. «Non esiste una soglia di consenso prefissata, oggettiva, oltre la quale diventa imprescindibile il contraddittorio». Quindi su questi temi se ne deve prescindere. Tornatene a casa, avvocato Cerrelli - in attesa magari di sentire anche per televisione il ritornello scandito da certi simpatici attivisti: «e se saltelli muore anche Cerrelli».

Non si salvano, infine, neanche i fotografi. Il decimo comandamento li invita a fare attenzione a che cosa fotografano nei gay pride, evitando immagini di persone «luccicanti e svestite». L'obiezione secondo cui se chi partecipa ai gay pride non si svestisse non correrebbe il rischio di essere fotografato nudo non sembra essere venuta in mente agli esimi redattori del testo.

Che però hanno pensato a una possibile difesa del malcapitato giornalista, il quale potrebbe sostenere che lui la pensa diversamente, ma per dovere di cronaca ha ritenuto di riportare anche le strane idee di chi si oppone al «matrimonio» omosessuale, e che magari ha radunato in una sala centinaia di persone. Difesa debole, sentenzia il documento. Il giornalista che riporta dichiarazioni, anche «di politici e rappresentanti delle istituzioni», contrarie alle linee guida può farlo per «dovere di cronaca» ma deve «attenersi ad alcune regole»: «virgolettare i discorsi», spiegare che sono sbagliati, contrapporre dichiarazioni di rappresentanti delle organizzazioni LGBT, che andranno tempestivamente intervistati,  usare «particolare attenzione nella titolazione». Non sono forniti esempi, ma il bravo giornalista capisce al volo. Se per esempio un vescovo si dichiara contrario al «matrimonio» omosessuale, il titolo dovrà essere «Fedeli scandalizzati dal discorso omofobo del vescovo» e non «Il vescovo ricorda: la Chiesa non accetta il matrimonio omosessuale».

Giornalista avvisato, mezzo salvato. Ma anche italiani e parlamentari avvisati, mezzi salvati. Perché le linee guida per i giornalisti rendono involontariamente un enorme servizio. Spiegano esattamente, nero su bianco, che cosa sarà davvero vietato dalla legge contro l'omofobia. Altro che proteggere le persone omosessuali - com'è giusto che sia, e come già affermano le leggi in vigore - da insulti, minacce e violenze. Qui si tratta della dittatura del relativismo, senza sottigliezze e senza misericordia. Fermiamo questa macchina impazzita prima di ritrovarci tutti in un GULag gestito da militanti LGBT.




Liberdade de expressão e juízo sobre a prática homossexual - por Pedro Vaz Patto



In Brotéria
           
 São várias as notícias, umas mais antigas e outras mais recentes, que fazem temer que a pretexto do respeito pela dignidade e não discriminação das pessoas de orientação homossexual, se pretenda limitar, de uma forma generalizada, a liberdade de expressão quanto ao juízo moral sobre a prática homossexual (não sobre a pessoa em si mesma, com a orientação sexual que não escolheu, mas sobre uma conduta e uma prática voluntárias).

            Vejamos algumas dessas notícias.

            O caso que em primeiro lugar suscitou mais clamor foi o da condenação do pastor pentecostal sueco Ake Green. Por ter declarado publicamente, evocando as referências à prática homossexual no Antigo Testamento e nas cartas de São Paulo, que essa prática representa “uma perversão” e um “tumor na sociedade”, e que a tendência homossexual não era inata e era suscetível de mudança, sem ter deixado de afirmar que não condenava as pessoas, pois Jesus nunca inferiorizou ninguém, Ake Green foi judicialmente condenado pelo crime previsto no artigo 16.6, 8 do Código Penal sueco (ameaça ou injúria para com um grupo de pessoas com referência à sua raça, cor, origem nacional ou étnica, confissão, fé ou orientação sexual). Em recurso, veio a ser absolvido, já em 2005 [1].

            Em 2006 o deputado francês Christian Vanneste foi condenado, pela Cour Corretionelle de Lille, por “injúrias públicas contra grupo de pessoas em razão da orientação sexual”, por ter afirmado que o comportamento homossexual é moralmente inferior ao comportamento heterossexual, uma vez que, segundo a máxima kantiana, não pode tornar-se regra universal sem dano para a Humanidade. Em recurso, veio a ser absolvido pela Cour de Cassation, por acórdão de 12 de Novembro de 2008[2].

            Mais recentemente, foi noticiado que o deputado britânico Edward Leight apresentou um projeto de lei (Bill for the protection of freedom of speech and conscience) que pretende a proteção da liberdade de expressão no âmbito das relações de trabalho, de modo a evitar casos como o do Adrian Smith, punido pelo seu empregador por ter manifestado no facebook a sua oposição à legalização do casamento entre pessoas do mesmo sexo[3].

            Em Março deste ano, o Ministro da Educação do Estado canadiano de Yukon, invocando a legislação que proíbe a discriminação em função da orientação sexual, proibiu o ensino do catecismo da Igreja Católica no que à homossexualidade diz respeito nas escolas católicas que recebem fundos públicos[4]. 

            Consta desse catecismo o seguinte:

            «Apoiada na Sagrada Escritura, que os apresenta como depravações graves (Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6,10; 1 Tim 1,10), a Tradição sempre declarou que os atos de homossexualidade são intrinsecamente desordenados (CDF decl. Persona humana 8). São contrários à lei natural, fecham o ato sexual ao dom da vida, não procedem duma verdadeira complementaridade afetiva e sexual, não podem, em caso algum, receber aprovação» (n. 2358)

            Mas faz-se a distinção entre o pecado e o pecador, entre o erro e a pessoa que erra, pois há que condenar o erro e amar a pessoa que erra:

            «Um número não desprezível de homens e mulheres apresenta tendências homossexuais profundas. Eles não escolhem a sua condição de homossexuais; essa condição constitui, para a maior parte deles, uma provação. Devem ser acolhidos com respeito, compaixão e delicadeza. Evitar-se-á, em relação a eles, qualquer discriminação injusta» (n. 2359)

            Pois bem, foi este o ensinamento proibido nas escolas católicas que recebem fundos públicos do Estado canadiano de Yukon. Proibição que se noticia ter sido acatada[5].

            A questão da distinção entre a condenação do erro e o respeito pela pessoa que erra (“hate the sin, love the sinner”) foi suscitada num outro caso judicial recente, também relativo ao Canadá.

            O Supremo Tribunal canadiano confirmou, em recurso, a condenação, por parte da Comissão de Direitos Humanos da Província de Saskatchewann, de uma pessoa que distribuiu panfletos que condenavam a prática homossexual, apelando aos ensinamentos bíblicos que a apresentam como uma “abominação”, condenando a propaganda da homossexualidade nas escolas, afirmando que esta não é inata e a sua prática representa um comportamento aditivo e envolve uma maior probabilidade de contaminação da SIDA e de abusos sexuais de crianças. Estava em causa a aplicação do artigo 14º, 1, b), do Código de Direitos Humanos dessa Província, que pune o chamado “discurso de ódio” (“hate speech”). Uma punição análoga à do artigo 240º, nº 2, b), do Código Penal português, que, sob a epígrafe “discriminação racial, religiosa ou sexual”, pune a conduta de quem «difamar ou injuriar pessoa ou grupo de pessoas por causa da sua raça, cor, origem étnica ou nacional, religião, sexo ou orientação sexual…».

            A defesa argumentou que os textos em questão conciliavam a condenação do erro com o respeito para com a pessoa que erra (“hate the sin, love the sinner”). Mas o Tribunal não aceitou a relevância desta distinção, considerando que existe uma forte conexão entre a orientação sexual e a conduta sexual, e que quando a conduta visada pelo discurso é um aspeto crucial da identidade de um grupo vulnerável, os ataques a esta conduta são equiparáveis aos ataques ao próprio grupo. Será assim se o ataque a essa conduta provocar objetivamente o ódio e o desprezo pelo grupo[6]. 

            Situações semelhantes a estas são apresentadas no Relatório de 2012 do Observatório sobre a Intolerância e a Discriminação contra os Cristãos na Europa[7].

            Todos estes episódios estiveram presentes na mente de quem, em Itália, manifestou o receio de que o projeto de lei, recentemente aprovado, sobre a “homofobia” e a “transfobia” (que pune a discriminação e agrava as penas dos crimes cometidos em função da orientação sexual e da “identidade de género”), possa representar um perigo para a liberdade de expressão. Afirmou a propósito o Observatório Internacional Cardeal Van Thuan (dedicado ao estudo e difusão da doutrina social católica)[8]:

            «As notícias que nos chegam de outros países da Europa, onde leis semelhantes já estão em vigor, são alarmantes. Dizer que a família é somente aquela que é constituída por um homem e uma mulher pode ser qualificado como homofobia e perseguição. A leitura pública do livro do Génesis, sobra a criação do homem e da mulher, ou das passagens de São Paulo sobre a imoralidade do ato homossexual, pode ser considerada crime. Ensinar numa escola qua a família é apenas uma pode ser considerado ato de discriminação por ódio homofóbico».

            Também alertou para este perigo, por exemplo, o Forum das Associações Familiares, organismo que agrupa um grande número de associações católicas de apoio à família[9]. 

            Em atenção a estes alertas, foi proposto por um grupo de deputados católicos um aditamento ao projeto inicial, que por várias pessoas veio a ser denominado “cláusula de salvaguarda”, com o seguinte teor: «Não constituem discriminação as opiniões assumidas no interior de organizações que desempenhem atividades de natureza política, sindical, cultural e sanitária, de instrução, de religião ou de culto, relativas à atuação dos princípios e dos valores de relevo constitucional que caraterizam tais organizações». Este aditamento foi aprovado, mas se há quem considere que com ele fica garantida a liberdade de expressão, esta opinião não é, porém, unânime[10].

            O que a respeito desta questão e de cada um dos casos assinalados me parece de salientar é a importância de traçar uma fronteira que salvaguarde a liberdade de expressão consagrada no artigo 19º da Declaração Universal dos Direitos Humanos, no artigo 37º da Constituição da República Portuguesa e no artigo 10º da Convenção Europeia dos Direitos Humanos. A punição do chamado “discurso de ódio” (“hate speech”) não pode servir de pretexto para impor um “pensamento único” e para punir “delitos de opinião”. Não é aceitável que o comportamento homossexual seja imune à crítica ou a um juízo ético, quando a tal crítica ou juízo não são imunes quaisquer outros comportamentos ou atitudes. Num contexto social e cultural tão cioso do valor da liberdade de expressão (por vezes, até em excesso), não é aceitável que se usem “dois pesos e duas medidas”.

             E essa fonteira há de passar, precisamente, pela distinção entre o erro e a pessoa que erra. É lícito criticar o erro (pode até ser um dever moral fazê-lo), sem que isso permita desrespeitar a dignidade da pessoa que erra (numa perspetiva cristã, não é só o respeito que a essa pessoa é devido, é também o amor). Não nos cabe agora analisar cada um dos casos referidos e verificar se em cada um deles as expressões usadas são as mais adequadas ou oportunas, e se em cada um deles foi respeitada esta distinção. Ela foi, indubitavelmente, respeitada nos excertos do catecismo da Igreja Católica acima mencionados, os quais, como vimos, já foram, mesmo assim, considerados contrários ao respeito devido às pessoas de tendência homossexual. 

            A distinção referida (entre a crítica de uma conduta e o respeito pela pessoa em causa) deve servir também noutros âmbitos em que se suscita a necessidade de concordância prática entre a liberdade de expressão e o respeito pela dignidade da pessoa.

            A crítica a determinada ideologia não pode, obviamente, ser vedada em nome do respeito pelas pessoas que aderem a essa ideologia. O respeito pelas pessoas que aderem ao comunismo, ao fascismo ou ao liberalismo não impede a crítica a qualquer destas ideologias.

            No âmbito da atividade política, a crítica de atos e opções concretas (mesmo que em termos duros, agressivos ou injustos) é livre e deve compatibilizar-se com o respeito pela dignidade das pessoas que aí atuam. Esta distinção (entre a livre crítica dos atos e o respeito pela dignidade das pessoas) não pode ser esquecida, para que se evitem dois extremos: um, o de considerar que na vida política “vale tudo”, a dignidade das pessoas não conta e a injúria e difamação de crimes passam a direitos; outro, o de limitar o direito de crítica (base da vida democrática) em nome da tutela da dignidade e honra das pessoas que atuam na política.

            A distinção vale noutros âmbitos. O respeito pelas pessoas que professam determinada religião (cristã, muçulmana ou outra), pela sua dignidade e pelos seus sentimentos religiosos (o que supõe o respeito por figuras e símbolos tidos por sagrados) não pode impedir a crítica à religião, à religião em geral, ou a uma religião em particular. E é possível alcançar a conciliação entre estas duas exigências se a crítica se situar no plano da discussão racional e argumentada e do debate de ideias (a que se pode responder no mesmo plano), não se confundindo com o escárnio e a ofensa gratuita (a que não pode responder-se no plano da discussão racional e do debate de ideias).

            E assim também no âmbito da crítica literária, artística ou desportiva. Pode criticar-se o valor de uma obra ou de uma prestação (até de modo fortemente depreciativo, eventualmente injusto), salvaguardando o respeito devido à pessoa autora dessa obra ou prestação.

            A punição do chamado “discurso de ódio” também há de ter em conta esta distinção. Deve salientar-se que entre os fatores que, de acordo com a generalidade das legislações que punem o “discurso de ódio”, identificam a vulnerabilidade de um grupo carente de especial proteção, estão alguns (como o sexo, a raça, a origem étnica, ou a deficiência, este habitualmente esquecido pelas legislações) em relação aos quais não se suscita a questão da distinção que vimos referindo. Mas não assim em relação a outros: o respeito devido às minorias religiosas não impede a crítica à religião por elas professada. Do mesmo modo, o respeito devido às pessoas de tendência homossexual, particularmente importante por se tratar de uma minoria tradicionalmente marginalizada, não pode impedir a crítica à prática homossexual, ou um juízo ético negativo a respeito dessa prática. 

            Nesta linha, não me parece aceitável a argumentação do Supremo Tribunal canadiano a que acima aludi, segundo a qual ao criticar uma conduta que é constitutiva da identidade de um grupo estaremos a criticar (e ofender) o próprio grupo. Em coerência com este raciocínio, aplicando-o a outros âmbitos, chegaremos a consequências inaceitáveis para quem preze o valor da liberdade de expressão: não seria possível a crítica a determinada religião ou ideologia porque elas fazem parte da identidade de um determinado grupo (como o faria a conduta homossexual) e esse grupo sentir-se-ia ofendido com a crítica a essa religião ou ideologia.

            É sempre possível, em qualquer destes casos, responder à crítica no plano da discussão racional e argumentada, sem recurso a proibições e condenações judiciais. Há quem pretenda aceitar o recurso a essas proibições e condenações no âmbito da crítica à conduta homossexual, quando ele não é aceite em qualquer outro âmbito.

            Deve, pois, manter-se a distinção entre a livre crítica de um comportamento e o respeito pela pessoa que adote esse comportamento, para que sejam simultaneamente salvaguardados, em quaisquer âmbitos (sem “dois pesos e duas medidas”), a liberdade de expressão e o respeito pela dignidade das pessoas.


[1] Pode ver-se informação sobre o caso em www.akegreen.org.
[3] Ver www.mercatornet.com /conjugality/ 29/1/2013).
[4] Ver www.lifesitenews.com,21/3/2013, e www.lastampa.it, 28/3/2013
[5] Ver www.lifesitenews.com, 18/10/2013
[8] Ver www.zenit.org, 18/7/2013.

[9] Ver Avvenire, 25/7/2013

[10] Ver Avvenire, 24/7/2013, e Adriana Cosseddu, Riscrivere l´ Umanità dell´Uomo?, in Città Nuova, nº 20, 25/10/2013, pgs. 20 e 21.

quarta-feira, 4 de dezembro de 2013

200,000 march for marriage in Taiwan protesting proposed same-sex ‘marriage’ law - by Peter Baklinski

Taiwan is the latest in a series of nations and states targeted by gay activists for radical social change despite massive public opposition.

AIPEI, Taiwan, December 2, 2013 (LifeSiteNews.com) – About 200,000 people marched in front of Taiwan’s Presidential Office on Saturday, according to organizers or the march. The crowd was protesting a proposed law that would allow same-sex couples to ‘marry’ and adopt 

"God created human beings as male and female. Only the union of a man and a woman can create the next generation, and the ability to create offspring is an important function of a family," said 40-year-old Ann Huang, who joined the rally with her friends, reported Focus Taiwan. 

he protesters, consisting mainly of families with their children, held signs that read "Made by Daddy and Mommy”, "Defend Marriage”, and "Oppose Amendment to Civil Code Article 972”, the current law which holds that marriage is between a man and woman.  

The event was organized by The Coalition for the Happiness of Our Next Generation.  

“We worry that this alternative family formation idea will confuse children's concepts on education and sexual identity,” said Yu Yen-hung, one of the founders of the organization, to The China Post. “Therefore, we decided to stand up and fight against this bill that will affect the next generation.” 

The organization said that any changes to marriage should come from the people by way of a referendum.  

But the Taiwan Alliance to Promote Civil Partnership Rights, the group responsible for proposing the same-sex ‘marriage’ amendment in October, says that it does not want the amendment to be put to a referendum since the current law involves the “restriction and denial of basic rights for minorities”. 

President of the Control Yuan party, Wang Chien-shien, marched with the protesters, saying that while he has  “respect and support all homosexual people,” he fears that amending the marriage laws will “affect the healthy marriage system and healthy families, which are the foundations of a stable country,” reported The China Post. 

The ruling Kuomintang party (KMT) urged in a Nov. 29 press conference for a postponement in the review of the amendment. 

"The KMT do not oppose gays or lesbians and we want to treat them legally and protect their human rights as well. But we need to be more careful when it comes to our traditional virtues that concern our families," said KMT spokesperson Lin Te-fu, reported Want China Times.

Taiwan is the latest in a series of nations and states targeted by gay activists for radical social change despite massive public opposition.  

Most recently the Hawaiian legislature rammed through a bill redefining marriage despite an estimated 10,000 people — one of the largest crowds recorded in state politics — sending a clear message of opposition days before at a rally at the capital of Oahu. 

“Rarely has such a huge public opposition to a bill been so blatantly ignored by politicians,” stated Brian Camenker, President of the pro-family group MassResistance, in reference to the Hawaii situation. “It certainly took enormous arrogance for the politicians to ignore these people.” 

In April the French National Assembly — with the backing of President François Hollande’s Socialists —voted to legalize same-sex marriage despite numerous protests by hundreds of thousands of citizens. In January the government ignored an estimated one million people demonstrating in Paris against the proposed measures.  

The U.K. passed its gay ‘marriage’ law in July under David Cameron’s Conservative Party. The bill was pushed through despite well over half-a-million petitioners opposing the move and despite dissent over the matter in Cameron own party, what critics called the “biggest Tory rebellion in modern times”.  

A similar story of government pushing same-sex marriage despite massive resistance by the people can be found in Scotland, Tasmania, New Zealand, and Estonia.