sábado, 8 de dezembro de 2012

Tres científicos prueban que las políticas contraceptivas no frenan sino que disparan el aborto

In RL

Desde la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI en 1968, pasando por la incesante predicación de Juan Pablo II contra la que denominó "cultura de la muerte" (concepto que ha cuajado en el habla común), hasta llegar a las claras palabras al respecto de Benedicto XVI, la Iglesia ha sostenido siempre que la mentalidad anticonceptiva constituía el mejor preparatorio para la tolerancia con el aborto. Y que, por tanto, la difusión de métodos de planificación familiar no era la forma de evitar abortos ni la alternativa a su incremento.

Los hechos han ido confirmando punto por punto esa perspectiva: países como España, que han apostado a fondo por la difusión de la mentalidad anticonceptiva entre los jóvenes, cosechan un índice creciente de abortos en ese mismo estrato de población.

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Pero para probar la correlación científicamente era preciso estudiar la causalidad entre ambos fenómenos, y no su mera concomitancia. Terreno propicio era la conocida discrepancia entre los datos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, donde las tasas de aborto empezaron a caer tras la caída del comunismo, cuando el aborto era considerado a nivel legal y estadístico un método anticonceptivo. Sin embargo, la caída es mucho menor en Rusia, donde el uso de métodos anticonceptivos se ha impuesto mucho más que en Bielorrusia y Ucrania, donde eso no ha sucedido, caída con mucha mayor rapidez.

Datos que eran considerados por la industria anticonceptiva un mero error estadístico, hasta que tres científicos han demostrado que se trata de "un fenómeno genuino".

En un artículo publicado el 30 de noviembre en la prestigiosa revista científica on line PLOS-One, los investigadores Boris Denisov, de la Universidad de Moscú, Victoria Sakevich, del Instituto de Demografía de Moscú, y Aiva Jasilioniene, del Instituto Max Planck de Rostock (Alemania) han llegado a la conclusion de que "las crecientes diferencias en la tasa de Aborto en Bielorrusia, Rusia y Ucrania es un fenómeno genuino, y no una manipulación estadística. El estudio del aborto y de la prevalencia de la contracepción basada en estadísticas oficiales y en tres muestras nacionales no revela ningún factor claro que pueda explicar las diferencias en la dinámica del aborto en Bielorrusia, Rusia y Ucrania".

Los investigadores (cuya finalidad no es, desde luego, situarse en la estela de la cultura de la vida pontificia) consideran "contradictorio", "inesperado", "paradójico" y "sorprendente" que, mientras que tras la caída del comunismo el uso de anticonceptivos se disparó entre las mujeres rusas y cayó entre las bielorrusas y ucranianas, las rusas aborten significativamente más que las bielorrusas y ucranianas. Una diferencia chocante dadas "las similitudes demográficas, sociales e históricas entre las tres naciones".

En síntesis y grosso modo, los datos son que desde 1990 a 2010 la tasa de abortos ha caído a una tercera parte en Rusia y a una sexta parte en Bielorrusia y Ucrania. En cuanto al número de abortos entre 1990 y 2010 pasó: en Rusia, de 4,1 millones a 1,2 millones (29%); en Ucrania, de 1 millón a 177.000 (18%); en Bielorrusia, de 261.000 a 33.000 (13%).

Como concluye el estudio, las legislaciones sobre el aborto son similares y el acceso a los métodos anticonceptivos también. No parece haber, pues, más explicación que el uso. Cuando se usan más, se aborta más. Cuando se usan menos, se aborta menos. Justo lo contrario de lo que sostiene la ideología oficial de la cultura de la muerte, cuando incide en difundir más y mejor la contracepción como forma de contener unas cifras de abortos que incluso para dicha ideología son ya insoportables.